¡RIIIIIIIIIIIIIIIING RIIIIIIIIIIIIIIIING!

Extiendo la mano y adormilada aún, apago el despertador.

Por el rabillo de un ojo miro qué hora es y me alegro porque aún tengo una hora y media más para dormir. Acto seguido, me vuelvo a acurrucar, mientras disfruto de esa sensación tan agradable que produce la mente cuando sabes que aún quedan algunas horas de sueño por delante.

De repente, me levanto sobresaltada, como un resorte, levanto medio cuerpo.

Mi cabecita ha hecho ¡click! y me recuerda que hoy es el gran día: EL EVENTO DE INAGURACIÓN DEL CAPÍTULO DE ANDALUCÍA. Hace un año que llevamos preparando este momento. ¡Un año! Lo pienso y no me lo creo. Las dudas que me acompañan desde el principio en este proyecto, me asaltan y me gritan pero... merecerá la pena todo este tiempo, trabajo y dedicación. Doy un manotazo al aire para disipar mis pensamientos, como si fuera el humo del cigarrillo que alguien se fuma a mi lado; y salto de la cama. Hoy no es el día de reparar en ello.

De un salto salgo de la cama. Mi rutina de hoy es muy diferente al resto de días laborables, tomo una  taza de café, más grande de lo normal (necesito estar despierta), me arreglo como la ocasión se merece, me pongo mis pendientes de la suerte, repaso mi discurso varias veces y salgo a la calle. El frío me sorprende en la puerta de mi casa, normalmente voy en coche a la oficina y no lo siento. En los escasos quince minutos que separan mi casa del lugar de la celebración, el edificio Metrosol Parasol, mientras mi nariz se va congelando por minutos y ya parece un Frigopié y con frío en las sienes me pregunto, otra vez....merecerá la pena todo este tiempo, trabajo y dedicación. Olvido rápidamente mis pensamientos, cuando al doblar la esquina, veo el primer cartel que indica el lugar de la conferencia.

¡Qué profesional ha quedado!

Veo a un azafato que indica la puerta de entrada.

¡Qué profesional ha quedado!.

Subo por el ascensor “fashion” de Las Setas y éste me lanza a la sala; ya decorada, con sus letras gigantes de PMI en el escenario, el atril transparente y las sillas con su bolsita de  merchandising preparado.

Me digo a mi misma:- ¡Qué profesional ha quedado! Nos ponemos manos a la obra para rematar los últimos flecos. Y entonces, empiezan a llegar los asistentes. Muy poco a poco al principio y, veinte minutos después, lleno absoluto de la sala.

Llegó el momento. Respiro hondo. Me digo nada de nervios, ¿he dicho nervios? ¿por qué? Si lo difícil  ya se ha hecho. Si lo complicado ha sido el trabajo que está detrás, en la sombra. Si ahora tengo que salir a disfrutar. No tengo la oportunidad de ser la maestra de ceremonias de un evento tan profesional y al que le tengo tanto cariño todos los días. Mi mente quiere preguntar merecerá...y le digo:-¡Stop! Ahora no puedo entretenerme con eso. A ver si con tanto pensamiento voy a olvidar el speech.

¡¡Allá vamos!!

Cinco horas después…el evento concluye con un éxito rotundo. O al menos, yo lo he sentido así. Me ha gustado todo. ¡Qué subidón de adrenalina!  En ese momento, estoy tan emocionada que no puedo emitir palabra. Yo, y eso es raro, que no hay quien me calle. Sólo puedo sonreír a todos. Una sonrisa de oreja a oreja, de agradecimiento, de satisfacción del trabajo bien hecho y de orgullo por un equipo que está ahí, al pie del cañón. Sólo me apetece, gritar a lo Rafa Nadal:-¡Bien! Y acompañarlo con el gesto de alegría que hace con el brazo libre de la raqueta. Pero creo que está fuera de lugar y seguro que rompería la chaqueta, nueva, a la altura de la sisa. Esas cosas me suelen pasar a mí.

A mí me ha apasionado el evento, ha salido mucho mejor que en mi proyección imaginaria de Stephen Covey. Llegan las felicitaciones. Sigo sonriendo. Más felicitaciones. Todo el equipo de voluntarios está exultante y se les ve, en los ojitos brillantes y en la sonrisita de sus caras. Felicitaciones por doquier. No puedo explicar la sensación que me invade en esos momentos. Hay que sentirla. Es imposible expresarla con las palabras que conozco. Es muy complicado encontrar esa satisfacción; pero si se busca, si se busca bien, si te involucras en lo que te apasiona, si realmente encuentras una vocación que te llena, aparecerá seguro.

Hoy, dos meses después del evento, miro hacia atrás, y analizo todas esas vivencias con una visión más calmada.  La montaña rusa de sensaciones ha dejado mi memoria, un bonito recuerdo de todos los loopings vividos. Algunos de emoción máxima y otros de puro horror por miedo a estrellarnos. Ahora, con los sentimientos asentados puedo decir que no ha vuelto a rondarme más la pregunta que tanto me inquietaba. Quizás porque YA tenía una respuesta: SÍ MERECE la pena todo aquello que hacemos para progresar profesionalmente, aunque nos ocupe nuestro tiempo libre, le echemos más horas que un reloj y, lo más llamativo, que no goce de remuneración económica.

Pero hay momentos en la vida, sensaciones y felicitaciones que se hacen desde el corazón, y que te tocan profundamente, que recompensan todo ese tiempo invertido, y no sólo eso, además, no se pagan con dinero.

Be volunteer at Chapter Andalusia is priceless

 

Foto Macarena

 Macarena Uriarte Sancha

 PMP y Voluntaria PMI Capítulo Andalucía

 

 

 

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